viernes, 18 de junio de 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

BONDAGE




Con la difusión de las prácticas S/M en la vida sexual de los occidentales, se produjo una cierta fascinación por las ataduras de inspiración japonesa, consideradas como una expresión con tintes filosóficos sobre las relaciones entre dominante y sumiso. El arte del bondage pertenece a la gran familia de las actividades de S/M.

El bondage constituye un arte de vida y una hermosa expresión de la sexualidad, que implica una auténtica colaboración entre los actores. El ritual del bondage pertenece más al ámbito de la simulación y de escenificación, y no a una verdadera puesta en peligro de otra persona.





El bondage sin lugar a dudas, se va a convertir en una práctica sexual en continuo desarrollo, constituye una práctica perfectamente adaptada a los tiempos en los que vivimos, ya que, hoy en día tenemos mucha información al alcance de nuestra mano para poder desarrollar este tipo de prácticas, en la que la penetración sexual no es ni la base, ni mucho menos la culminación del bondage. ¡Se autorizan los rozamientos, las caricias imperceptibles, las palabras susurradas al oído, las palmitas y los latigazos! Por otra parte, la práctica del bondage se fundamenta básicamente en la complicidad entre los participantes.



La palabra bondage procede del término inglés bon, que significa . Una palabra que define el contrato moral que puede existir entre los participantes.



Desde la antigüedad, los japoneses han mantenido una relación privilegiadas con las ataduras. Pero el Shibari, o el arte de las ataduras eróticas japonesas, se originaron realmente durante el siglo de la “edad sombría”, llamado Sengoku, situado hacia 1450 d.c. Desde aquel entonces y hasta nuestros días, jamás ha desaparecido de las prácticas sexuales niponas.



En sus inicios, las técnicas de las ataduras eran utilizadas por los soldados al servicio de los samuráis para la inmovilización y la tortura de los prisioneros de guerra. Posteriormente, el Shibari se transformó en un arte marcial, antes de convertirse en una forma de castigo casi artística a lo largo del periodo Edo (1600-1868). Se constituyó un auténtico código destinado a regular la práctica de este arte: las cuerdas tenían distintos colores en función del período del año, el prisionero debía mirar hacia un punto cardinal correspondiente a cada una de las estaciones: Cuerda azul: primavera - este - izquierda – dragón. Cuerda roja: verano - sur - adelante – Fénix. Cuerda blanca: otoño - oeste - derecha – Tigre. Cuerda negra: invierno - norte - posterior - Tortuga.



Las ataduras podrían haber desaparecido de las tradiciones niponas con la occidentalización del país. Sin embargo, a mediados del siglo XX, un artista, Ito Seiu (1882-1961) dinamizó el Shibari. Gracias a sus numerosas estampas y a una excelente obra titulada “El infierno de los suplicios”, logró divulgar el arte de las ataduras. Por otra parte, hacia 1950, apareció la primera revista erótica japonesa que hablaba del Shibari, durante los años 1960-1970, con la publicación de revistas especializada, pero sobre todo con la filmación de películas producidas por el famoso estudio Nikkatsu. En la actualidad, los japoneses siguen practicando el Shibari aunque su finalidad parece consistir ante todo en la eliminación del estrés y las tenciones generadas por su modo de vida. Con este enfoque, se celebran Bondage parties en Tokyo, organizadas por jóvenes japoneses vestidos con pasamontañas de cuero y monos de látex…Estaríamos ante la actualización de esta práctica según los gustos actuales. Al mismo tiempo, siguen existiendo afortunadamente algunos irreductibles, como Chimuo Nureki, maestro sensei de la escuela clásica, que sigue organizando sesiones de Bondage ante un público selecto.


¡Es imposible contar la historia del Shibari sin evocar la revolución de los años 1990! El fin del siglo XX fue escenario de la evolución del papel de la mujer en la escena erótica japonesa: se asistió al nacimiento de la Domina japonesa. Que no solo actuaba cómo Domina, sino que también podía imponer ataduras. Que el hombre japonés acepte ser humillado por una mujer constituye un pequeño tsunami en la vida social nipona.


Japón no detenta la exclusividad en este arte. Durante los años 1950, Estados Unidos conoció la edad de oro de la fotografía erótica a través de Betty Page (1923-2008), una starlette del mundo fetichista, ¡así como la aparición en las revistas de increíbles pin-ups atadas! Finalmente, en Europa, cada vez más fotógrafos se sienten atraídos por el Shibari del siglo XXI, que para ellos se inscribe ante todo en el ámbito de la escultura o de la arquitectura del cuerpo.

La técnica del Bondage implica la renuncia total al control sobre el propio cuerpo y constituye una erotización de la inmovilidad y la indefensión. Al estar atado/a y bien atado/a no nos queda más opción que aceptar el desvalimiento propio. No se puede hacer bondage sin entregar completamente la propia voluntad al compañero/a de juego, o sin confiar plenamente en él/ella. Constituye una de las prácticas que más tiempo y dedicación exige y, quizás por ello, puede valer como paradigma del S/M en lo que tiene de placer desligado de los genitales. Su máximo atractivo es, pues, la erotización de la entrega total. En esta cara, más abstracta y mental, hay tres elementos que forman parte del juego: la fomentación del deseo, la rendición al Amo, y la cosificación de la persona. Fomentar en alguien el deseo hacía la propia persona es sumamente grato.




Una vez conseguimos privar a alguien de su autosuficiencia, sacando a flor de piel su vulnerabilidad, sensibilizando no solo su cuerpo sino también su mente, solo nos queda ver cómo nos necesita y desea, qué fórmulas utiliza para expresarlo, y disfrutar de todo él/ella. El dominante disfrutará del control de la situación y del poder de moldearla. Se sentirá un conductor de sensaciones, un creador. Moviéndonos junto al desenfreno, por otro lado, el auto control es placentero y corrosivo. Sin él jamás dominaremos ninguna situación. Todo esto es un proceso de varias horas, donde todo influye, el olor, el sonido, el tipo de caricias, la forma de hablar, es un proceso largo donde lo que prima es el placer de los participantes.


Por ello, se puede afirmar que el S/M. Erotiza el cuerpo en su totalidad, lo descompone en múltiples zonas erógenas manipulables y las somete a una estimulación intensa: los pezones, los glúteos, la espalda, el pecho, los pies, las piernas, los brazos, la cabeza, (no con la finalidad de la eyaculación). Lo que tienen en común todas estas prácticas y estas técnicas es la descentralización del placer genital y una exploración de los propios límites físicos y mentales. El S/M es, así, un placer en los límites del cuerpo, por lo que cabe concluir, al modo de Halperin, que “representa un encuentro entre el sujeto moderno de la sexualidad y la otredad de su cuerpo. Se puede decir que el S/M convierte al cuerpo en su totalidad en una inmensa zona erógena que hay que descomponer en partes manipulables para someterlas individualmente a una estimulación. A través de esa estimulación controlada, y que, precisamente por eso, requiere el aprendizaje de una técnica, lo que se pretende producir es placer. Las prácticas S/M son, en definitiva, técnicas sofisticadas de placer corporal.


El Bondage además de erotizar el cuerpo en diferentes zonas, investiga sobre sus límites, hasta donde es capaz de llegar y cuanto tiempo puede aguantar inmovilizado. Estas investigaciones sobre los límites del cuerpo es el proceso de trabajo de los artistas accionista que trasfieren a su propio cuerpo todo el poder plástico, metafórico, simbólico y semiótico que detenta el objeto artístico.


El cuerpo se convierte en el territorio donde tiene lugar la creación y la destrucción, en la topografía del análisis de los límites y en la zona de resistencia de una subjetividad que, a través de la vulnerabilidad de la carne, se enfrenta violentamente al poder político, social y tecnológico, al igual que la práctica del Bondage.

En los años sesenta y sesenta en el ámbito artístico europeo y americano, el accionismo vienés aparece como un fenómeno de límites. Y más aún, de traspasar, transgredir, desbordar los límites. Los límites de la obra, del cuerpo, de la mente, del arte. Los límites del instinto, de la razón, del dolor, de la sexualidad; de la cultura, la sociedad y la historia. Y más allá del límite: asaltar, invadir, sumergirse en las zonas excéntricas de lo prohibido para hacerlas propias.


Este tipo de artistas tienen una gran relación con las prácticas del S/M y del Bondage sobre todo por la utilización del cuerpo como materia, la utilización del dolor como puente hacia el placer y de la investigación que realizan sobre los límites del cuerpo y de la mente.

miércoles, 7 de abril de 2010

“Si eres inteligente, tienes imaginación, lo que pasa es que nadie dice: yo hago esto, yo hago lo otro, porque dependiendo de qué cosas cara a la sociedad está mal visto decirlo, pero, hay ¡Si miráramos por un agujerito lo que cada uno hace!”.
“Domina Zara”
(Documentos TV, SEXO EN SECRETO, 18/12/06, Tve2)

domingo, 4 de abril de 2010

Placeres Corporales


“Vivo en un cuerpo cerrado, cubierto por una membrana opaca llamada piel, solo me deja algunos pequeños orificios para poder explorar mi interior “[…]

“Siento mi cuerpo: frio, calor, placer, dolor, son mensajes que me envía desde el interior. Le animo, le insulto, le consulto mis actos, le cuento mis penas y mis alegrías. Mi cuerpo me posee, soy de su propiedad. […]”

María José Barral Morán



Existe una diversidad de cuerpos, una diversidad de sensaciones físicas y una pluralidad de interpretaciones según los modelos y estereotipos culturales, algunos de ellos transcienden incluso la frontera de lo imaginario. El cuerpo humano es frecuentemente recreado a través de los distintos lenguajes confiriéndole un valor de eternidad.

A lo largo de la historia, una buena parte de la humanidad ha defendido su derecho a gozar de su corporeidad. Saborear un exquisito vino, oler un refinado perfume, sentir una caricia sobre la piel y escuchar una bonita melodía pueden transportar al que lo experimente al éxtasis del placer.

El cuerpo es uno de los temas centrales de la experiencia artística contemporánea, y las múltiples prácticas y reflexiones hechas en las últimas décadas en torno a él nos sirve, entre otras cosas, para poder afirmar que no es que tengamos cuerpo, sino que somos cuerpo, pensamos también con nuestro cuerpo y nos manejamos en la vida con una continuidad de imágenes corporales propias en constante interrelación con las imágenes corporales de los y de las demás.

Del cuerpo es de lo que les voy a hablar, un cuerpo con ansias de experimentar de aprender cosas nuevas, un cuerpo inquieto, lleno de espacios por explorar. Pero no solo quiere investigarse a sí mismo, también quiere que lo investiguen e investigar otros cuerpos, quiere sentir como le observan, como se introducen en él por el orificio que menos visible posee, desea que caminen por sus entrañas y vayan descubriendo todo su interior.

Quiero un cuerpo como materia tangible, táctil, y que no solo se quede en carne, en el elemento orgánico que define los límites de la figura humana. Y esto es lo que diariamente percibo, eso de tocar otro cuerpo parece ser algo que no está permitido, hay una barrera imaginaria impidiéndonos descubrir uno de los mayores sentidos, el tacto.

Con el contacto entre cuerpos se puede descubrir y comunicar mucho más que con la palabra, debemos tratar el cuerpo como objeto de experimento, debemos explorarlo, desmembrarlo y transformarlo sin limitaciones, tenemos que conquistar nuestro cuerpo y el de los demás. Se trata de ver el valor de la carne como metáfora, para conseguir una nueva percepción del cuerpo y del placer, que son el elemento esencial de mi creación artística.

El cuerpo deja de ser un lugar privado, intocable, se convierte en un objeto de placer tanto para uno mismo como para los demás, los cuerpos se mezclan ya no solo hay uno sino muchos. No debe de existir una barrera entre ellos sino todo lo contrario, tiene que haber una atracción, una pulsión natural para que se mezclen y disfruten gozosamente entre ellos. Dejamos de ser uno, privado y solitario para ser muchos, comunicándonos nuestras sensaciones mediante el lenguaje de nuestro cuerpo, unos cuerpos públicos donde solo importan las miradas, los susurros, las caricias y no los prejuicios que la sociedad posee y nos arrastra a una individualidad destructiva.

La conquista de nuestros propios cuerpos es lo que nos debería preocupar, empezando por el nuestro propio y después el de los demás. Convertirlo en un objeto de deseo sexual y poder con el/ellos disfrutar de placeres y sensaciones que todavía quedan por descubrir. Cada parte del cuerpo tiene que ser investigada y estimulada por separado para poder trabajarlo en conjunto, para ello tenemos que erotizar el cuerpo por separado.

Un ejemplo claro de lo que se está comentando es la obra de Hans Bellmer (1902-1975). En sus obras se identifican el placer y el dolor, las pasiones y las ideas, el delirio y la razón, para intentar dar por cumplida cuenta de sus sueños más íntimos. Para Bellmer el cuerpo se va a convertir en el terreno de los juegos más insólitos, en un anagrama continuamente modificable. “El cuerpo es comparable a una frase que nos invitara a desarticularla para recomponer, a través de una serie de anagramas sin fin, sus verdaderos contenidos” Descubrir un objeto ideal, un fetiche, producto del deseo inconsciente, que sea concreción del acoplamiento del placer y el dolor. En este nuevo cuerpo Bellmer va a desplazar el centro de gravedad del mismo y lo va a situar en diferentes partes del cuerpo, erotizando cada parte por separado, convirtiendo las metamorfosis corporales en expresión de las pulsiones sexuales. Todo ello, con un profundo sadismo donde las diferentes partes se mezclan sin orden ni concierto, se atacan en violentos torbellinos y se borran todo tipo de fronteras corporales confundiéndose lo externo y lo interno, dando pie a un cuerpo fantaseado.

Como bien pretende Bellmer intento convertir toda la superficie corporal en zonas de deseo, en espacios de placer y deseo que la gente experimente con sus cuerpos y con el de los demás, es una incitación al juego, una llamada a la liberación de las pulsiones, una oportunidad para evitar las limitaciones impuestas por la sociedad y a depender tan sólo, del principio del placer.

Por eso mismo hago referencia al S/M prácticas en las que se utiliza el cuerpo para producir placer físico y mental a través de técnicas especializadas, técnicas que ante todo tienen unas normas establecidas para solo producir placer y no agresiones físicas o emocionales, todos los que defienden la práctica del S/M lo hacen porque invita al desfondamiento de la subjetividad y la experiencia del cuerpo despedazado, y van a resaltar la relación entre placer y catarsis.

Para poder entender claramente todo lo anterior he extraído una parte del texto “Yes, Sir ¡Thank you, Sir! Placer, poder y masculinidad en la pornografía S/M gay” de: José Manuel Martínez Pulet :

“El término ‘sadomasoquismo’ es un concepto cargado de significaciones y de emociones negativas en el lenguaje coloquial: puede referirse a un fenómeno social inevitable inherente a unas estructuras políticas, institucionales y familiares fuertemente jerarquizadas; a una dinámica no saludable entre dos individuos; o a una patología sexual o una desviación social. Pero el análisis y la politización del S/M llevados a cabo por gays y lesbianas en los años 70 y 80 puso de manifiesto que el S/M, en tanto que conjunto de prácticas sexuales orientadas a la producción de placer, nada tiene que ver con la construcción médica y psiquiátrica en el marco del dispositivo de sexualidad. Ha sido la incapacidad de distinguir las prácticas S/M de las patologías homónimas lo que ha sembrado este terreno de confusión y prejuicio. En otras palabras, el S/M no es ‘sadomasoquismo’.

Esta incapacidad teórico-política de distinguir el S/M de las patologías psiquiátricas homónimas ha condenado y condena al cuerpo sadomaso cualquier cuerpo cuando se entrega a la promesa del placer extremo al no lugar, siempre exterior, de lo prohibido, lo imposible, lo innombrable. […] El S/M es una forma de disidencia sexual: sus prácticas repugnan porque erotizan lo prohibido, lo inaceptable, lo desagradable. El S/M vive de una promesa: la de la experiencia de un cuerpo que sólo es cuerpo, o de un fondo vulnerable que, quizás, sea eso que llamamos carne.”
























                                                          • Queer y Sadomasoquismo:



El sexo es visto como un producto natural y binario sobre el que se desplegó toda la información cultural de género. Pero el movimiento Queer se cuestiona la naturalidad del sexo y lo señala como producto del dispositivo discursivo de género.

Judith Butler lo explica así: “Cuando la condición construida del genero se teoriza como algo radicalmente independiente del sexo, el género mismo se convierte en un artificio vago, con la consecuencia de que hombre y masculino puede significar tanto un cuerpo de mujer como uno de hombre y viceversa.

Lo queer no es ninguna teoría, son multitudes marginadas, excluidas, personas que han sido expulsadas de sus casas o de sus lugares de origen y que viven en situaciones sociales y económicas difíciles. El análisis de esos procesos de exclusión dio lugar a lo que llamamos teoría queer, que no es una teoría cerrada o un corpus de saber, es un conjunto de herramientas críticas para la intervención política: críticas de la normalidad heterosexual y todas sus consecuencias culturales, sociales, políticas e ideológicas.

Lo queer incorpora nuevas lecturas de la literatura, la arquitectura o el cine, y hace proliferar cuerpos y prácticas inclasificables para el dispositivo de sexualidad: en este caso las prácticas sadomasoquistas.

Lo queer supone una apertura de líneas de fuga que corrompen el sistema binario y naturalizado de sexo y género. Es una forma de resistencia al régimen político en que vivimos: el “heterosexista” internacional.

Pues bien, si el sujeto-cuerpo queer está definido por su posición de oposición al régimen de lo habitual, es claro entonces que interesa saber cuál es el discurso sobre la sexualidad y el placer que los colectivos S/M han formulado en su lucha política. Desde este punto de vista, el S/M podría verse como resistencia, trasgresión o subversión. Así lo ve Tamsin Spargo:

“La teoría queer no es un marco conceptual o metodológico singular o sistemático, sino un conjunto de compromisos intelectuales con las relaciones entre sexo, género y deseo sexual... El término (queer) describe una diversa gama de prácticas críticas y de prioridades: lecturas de la representación del deseo homosexual en los textos literarios, el cine, la música, las imágenes; análisis de las relaciones sociales y políticas de poder en el campo de la sexualidad; criticas del sistema sexo-género; estudios de la identidad transexual y transgénico, del sadomasoquismo y de los deseos transgresores”

Así pues, analizar el S/M desde una afirmación queer de la sexualidad y la identidad significa, antes de nada, hacerlo funcionar como lugar de resistencia y subversión.



                                                                     • Sadomasoquismo:






Vamos a comenzar hablando sobre el término sadomasoquista, más o menos desde sus comienzos. Sigmund Freud, creó el término “sadomasoquismo” uniendo dos perversiones: sadismo y masoquismo, En su obra “Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie” (Tres escritos sobre la teoría sexual, 1905) aunque ya en 1885 Hrafft- Ebing en su libro “Psycopathia sexualis “habla sobre el sadismo a partir de las escrituras del Marqués de Sade, anotando al respecto que el sadismo es una práctica donde se siente placer sexual producido por actos de crueldad o castigo infringido a la propia persona. Por otro lado denomino masoquista a la perversión sexual opuesta, es decir encontrando placer en el dolor infligido y en el acto de ser humillado y maltratado.

Freud unió estos dos términos cuando descubrió que el masoquismo es una continuación del sadismo, dirigida contra el propio yo, que se coloca ahora en el puesto del anterior objeto sexual…”aquel que siente placer en producir dolor a otros en la relación sexual esta también capacitado para gozar del dolor que puede serle ocasionado en dicha relación como de un placer. Un sádico es siempre, al mismo tiempo, un masoquista y al contrario.”

En 1969 Deleuze comenta: el sadomasoquismo es un monstruo semiótico y subraya, no hay nada que repugne más a un sádico que un masoquista que disfrute con el dolor infligido, de igual modo, no hay nada que repugne más a un masoquista que un sádico dispuesto a torturarle más allá del contrato que él impone y de los limites que él impone.

Pero aquí no vamos a hablar de unas patologías sexuales, ni mucho menos, sino de una subcultura gay que nace a mediados del siglo XX con unos códigos propios, (se trata de una serie de convenciones mediante las cuales se le indica a otros que uno practica determinadas actividades) proponiendo unos usos del cuerpo diferente, una experimentación del dolor basada en el respeto y el consentimiento absoluto, creando vínculos sociales y culturales. Por lo que esta subcultura se denomina S/M. Por lo tanto el S/M no es sadomasoquismo.

El S/M es un cambio en las prácticas sexuales, dado que presenta un cambio radical: “se abandona lo genital como lugar esencial o principal de la sexualidad, y ésta se ve desplazada a todo el cuerpo como lugar posible de experimentación del placer” . El S/M plantea nuevas prácticas donde se utilizan otras partes del cuerpo, fomentado a la pérdida del falocentrismo, como comenta Michael Foucault en una de sus últimas entrevistas:

“El sadomasoquismo es la creación efectiva de nuevas e imprevistas posibilidades de placer. Es bien sabido que no hay ninguna agresividad en la práctica de los amantes sadomasoquistas; inventan nuevas posibilidades de placer haciendo uso de ciertas partes inusitadas del cuerpo, erotizándolo. Se trata de una suerte de creación, de proyecto creativo, una de cuyas notas destacadas es lo que me permito denominar desexualización del placer. La creencia de que el placer físico procede simplemente del placer sexual y de que el placer sexual es la base de cualquier posible placer es de todo punto falsa. La prácticas sadomasoquistas lo que prueban es que podemos procurarnos placer a partir de objetos extraños, haciendo uso de partes inusitadas de nuestro cuerpo, en circunstancias nada habituales, etc.”

Pero, aunque estemos en el siglo XXI, vivimos en una cultura que tiende a mirar las prácticas sexuales minoritarias como anormales; por lo tanto se tacha al sadomaso como enfermo y no como alguien que entiende el placer de diferente manera. Lo más incomprendido de las prácticas S/M es la experiencia del dolor, que se debería entender como “estimulación intensa del cuerpo”; esta resulta aparente ya que el dolor se trasforma en placer a través de la producción cerebral de endorfinas, por lo que el dolor no sería un fin en sí mismo, sino medio para la descarga de endorfinas por parte del cerebro. Por consiguiente las prácticas S/M serían formas de placer extremo.

El sadomasoquismo, además no se trata del dolor per-se, sino de la estimulación y la intensificación de los sentidos. Bob Flanagan explica, “yo quiero ceder algo y ser parte de alguien”; para él, el sadomasoquismo es el contrato definitivo.

Bob Flanagan, yuxtapone la patología de la fibrosis quística con la patología del masoquismo (y no estamos hablando de S/M). Rastrea sus inclinaciones masoquistas hasta la infancia, como dice Sheree Rose, su amante dominante, Flanagan introduce el sadomasoquismo en el museo de arte.

Flanagan se identifica con los artistas de la experiencia como Chris Burden y Vito Acconci. La transformación que hace Flanagan del dolor físico en placer sexual podría ser comprensible desde una perspectiva clínica, pero, ¿es arte y de qué manera funcionan las fantasías personalmente y para el público? Flanagan evoca fantasías relacionadas con deseos originales ampliamente compartidos, aquí es donde el énfasis en la vida cotidiana llega a ser crucial, él demuestra de qué manera aprovechamos los sucesos cotidianos para producir nuestras propias fantasías.

Uno de los trabajos de Flanagan que más me ha impactado tiene que ver con una serie de retratos fotográficos titulada: “Muro del dolor” (1982), un grupo de primeros planos en los que se registra las expresiones de dolor y satisfacción en el rostro de Flanagan, ahora convertido en artista visual por derecho propio, en varias sesiones de masoquismo.

Lo que se muestra aquí, es, una pequeña parte sobre las prácticas del S/M y sobre todo de la utilización del cuerpo para producir y conseguir placeres de una forma diferente a lo cotidiano, además de mostrar cómo hay artistas que trabajan con su propio cuerpo y con estas prácticas, para expresar todas las emociones y sensaciones que se obtienen estimulando el cuerpo con las técnicas del S/M.





• Fetichismo:




Dentro de la cultura del S/M nos encontramos con una práctica denominada fetichismo, donde la excitación aumenta por el contacto con determinados objetos (zapatos, ligueros, calcetines, slips, pies, cuerdas, látigos...). Esta sería una definición psicológica muy estricta de la tradición médica, que ha patologizado históricamente al fetichismo como enfermedad. Freud analizó esta práctica en un famoso artículo titulado “El Fetichismo” , y concluye que la fijación sexual a un fetiche se origina como una reacción inconsciente al descubrir traumático que se tiene en la infancia de que la mujer no tiene pene. Es decir, de algún modo el niño curioso que merodea en las faldas de su mamá o de su criada se queda enganchado a un objeto (el liguero, la media, el zapato, el pie) cercano a ese descubrimiento del que no quiere saber nada.

El fetichismo (del latín, facticius, «artificial», y portugués feitiço, «magia», «manía»; del francés fétiche), es una parafilia que consiste en la excitación erótica a través de un talismán u objeto fetiche, sustancia o parte del cuerpo en particular.

La tradición más interesante sobre el fetichismo es la que ha surgido de las propias comunidades de sus practicantes. En los años 50 comienzan a aparecer pequeñas comunidades gays que crean la llamada cultura leather (cuero), donde se produce una apropiación de elementos de las clases trabajadoras y de las culturas industriales y militares posteriores a La Segunda Guerra Mundial. Estas comunidades erotizan las chaquetas de cuero de los obreros, las botas militares, los uniformes, los monos de trabajo, los trajes de los marineros, las herramientas, los olores del caucho, del cuero y del sudor... Estas culturas se han desarrollado enormemente en los últimos años, y se organizan en asociaciones, clubes y fiestas donde los diferentes fetiches son utilizados de formas nuevas y creativas para el disfrute sexual.




En la práctica del S/M el fetichismo (código) de la ropa y de la ambientación del lugar, es un elemento dinamizador: el cuero como metáfora de hipermasculinidad; los uniformes militares y de cuerpo, como metáfora de autoridad, mando y poder. El S/M puede ser parcialmente definido como la erotización de la relación de poder y, a su vez, como el reconocimiento del componente erótico inherente al ejercicio del poder.



De esta forma el leather asociado directamente con el vigor, la fuerza, la transformación del aspecto y al mismo tiempo con el S/M mediante elementos identitarios hiperbólicos, se leen también como kitsch, al derivar paradójicamente en una feminización y convertirse en un movimiento poco agresivo de buscadores idealistas de almas que, consideran cada golpe como un acto de amor que les proporciona bienestar tras haber llevado la vida de otro hombre hasta el éxtasis.

La ambientación del lugar juega un papel muy importante, el impacto contra el frío suelo en el pie del esclavo hasta el olor de la habitación, el cual sugiere que elabore el propio amo usando una receta olfativa y olor de cuero; todo ello regado con una correcta banda sonora como música de fondo, sin dejar de lado, por supuesto, la iluminación de la alcoba con el color adecuado.

Toda esta ambientación nos exige romper con nuestra realidad cotidiana, llena de prejuicios y marcada por las relaciones de poder, abandonar los espacios donde trascurre nuestro día a día: el mundo exterior, el espacio abierto. Que uno deba romper con la realidad cotidiana implica que allí adonde se dirige es un espacio, otro que ha sido expulsado de lo público, del mundo de la luz, y por consiguiente, que se adentre en unos terrenos clandestinos, sórdidos, morbosos y oscuros.



Llegado a este punto y relacionado con la ambientación de los espacios, al artista Pepe Espaliu le indujo el largo y profundo espacio rectangular de la galería Van Krimpen a pensar en un cuarto oscuro, espacios existentes en algunos locales gays, oscuros como boca de lobo, en donde el sexo asoma tras un bulto, un cuerpo entrevisto o al amparo de un resuello masculino. Espaliu trata de fraguar una trama simbólica inspirada en esos espacios existenciales que, en algunos casos, son auténticos logros de la arquitectura del deseo.

Espaliu siempre quiso huir en su obra, y también en su vida, de ahí que reconstruir la anatomía de un cuarto oscuro, le pudiera parecer una caída en la obviedad. Barrunto, sin embargo, otros motivos, y no precisamente de orden técnico. Inmerso como estaba en la exploración minuciosa de los pliegues de la identidad y sus conflictos mediante la confección de óvalos, máscaras, rostros… que se remontan a 1987 con un cuadro emblemático titulado “Con o sin ti”, Espaliu debió medir los riesgos de la desnudez.

El ocultamiento de los cuartos oscuros, se transmutan en estímulo y fuente imprescindible de placer. Ya que es la no identificación de la persona, o al menos el ensombrecer de sus rasgos físicos concretos lo que genera excitación. La vista pasa a un segundo plano, sin llegar por supuesto a desaparecer, y es el tacto, y, en alguna medida el olor, quienes toman la delantera.

Lo prohibido, la practicas tabuadas están en la basa de las obras de Pepe Espaliu que resuman dolor; de ahí la paradoja de que para poder vivir lo impensable (aquello que el orden y las normas convencionales repudian por su carga desestabilizadoras) se haya de proteger tras la ocultación, a sabiendas de que esa misma ocultación agrava el dolor mismo.

También el artista Martínez Oliva ha recreado el ambiente de los cuartos oscuros en una instalación concebida para la galería Punto de Valencia, en 1993, re/construyendo un espacio cerrado con cabinas y pasillos. Al entrar en él los ojos se debían de acostumbrar a la oscuridad casi absoluta, lo que propiciaba el desplazamiento y, la agudeza de los sentidos, sobre todo el del tacto para explorar el lugar. Martínez Oliva acentuó la dimensión erótica en torno a los genitales, creando una suerte de gigantescos bultos caedizos y poco triunfantes, a base de cables que entraban y salían de la pared y que aludían a la energía eléctrica de la pulsión libidinal. Situados en distintos puntos del cuarto oscuro, en los pasillos y en algunas cabina, dichos falos cabizbajos daban a entender la primacía de ese órgano tiene en dicho tipo de contacto rápido, y en la continua excitación furtiva. La atmósfera morbosa, se acompañaba asimismo de algunos indicios de la actividad sexual, insinuada por el suelo rasposo y pegajoso que hacía pensar en la emisión de fluidos, consecuencia del acto sexual que el/la espectador/ a podía notar.

Tanto la oscuridad como la utilización de objetos fetiche son prácticas que provocan una excitación mental en el/los espectadores, este aumento de la excitación es lo que se intenta conseguir con la obra, además de hacer ver la escenografía utilizada en las prácticas S/M, esto provoca una excitación intensa de la mente y del cuerpo.




                                                              • Dominación y Sumisión:


Modelo; MODE RAMOS

Conocida también bajo sus siglas D/S, es un conjunto de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales centradas en relaciones de consenso que trasvasan el dominio de un individuo sobre otro en un contexto sexual, parcial o global, limitado o indefinido en el tiempo. Es una de las prácticas del BDSM.


El contacto físico no es necesario y puede incluso ser inducido anónimamente vía telefónica, email o servicios de mensajería on-line instantánea. En algunos casos puede ser intensamente físicos, a veces convirtiéndose en sadomasoquismo. En D/S, cada participante siente placer o disfrute erótico por el hecho de ser dominado o dominante. Aquellos cuyo estatus es superior son llamados "dominantes", Doms (masculinos) o Dommes (femenino) y quienes adquieren la posición subordinada se llaman "sumisos" o subs (tanto hombres como mujeres). Un Switch es un individuo que puede tomar posesión de cualquier rol. Dos switchs juntos (o juntas) pueden negociar e intercambiar roles varias veces durante una sesión.

Una cosa es esencial: la relación no es arbitraria en la que el sumiso sea quien mande al amo lo que hacer, o en la que éste da rienda suelta a su agresividad. Más bien es un contrato donde ambos participantes buscan el placer, por lo que él está sometido a una serie de reglas que los participantes conocen perfectamente y que pueden resumirse en el lema que el colectivo S/M americano diseño en los años 80: el S/M sería un juego seguro, sano y consensuado.

Seguro: no se va a poner en juego en ningún momento la integridad física o emocional del sumiso. Confianza y responsabilidad son los dos elementos indispensables para que una sesión S/M resulte placentera para los participantes.

Sano: si el fin de la sesión es producir placer físico y/o emocional, se debe dar dentro de unos límites que han de ser previamente fijados por los actores de la misma. Lo que hace que la sesión se traduzca en placer es la habilidad, pericia y responsabilidad del Amo/s para jugar en el margen de actuaciones que se han fijado previamente.

Consentido o Consensuado: si la sesión está orientada al placer, y esto se consigue respetando los límites del sumiso, está claro que previamente ha habido un acuerdo en el que se estipulan los límites dentro de los cuales el Amo tiene todo el poder para actuar sobre el cuerpo y la mente de otro. Cada gesto, cada sonido, cada movimiento puede ser una confirmación o una renegociación de ese acuerdo.

Modelo; MODE RAMOS

Foucault remite a la experiencia da la permanente renegociación de los limites que tiene lugar entre el Amo y el Sumiso en la sesión. No sólo es que la relación de poder sea elegida y no esta impuesta. Es que para que sea placentera, la relación de poder no puede definirse o fijarse de una vez antes del comienzo, sino que debe siempre recomenzar, esto es, de algún modo la negociación tiene que ser fluida y permanente, lo cual exige del sumiso comunicarse mediante gemidos al Amo, y este, cierta habilidad para detectar e interpretar los signos que emite el sumiso.


Los que gozan con la sumisión lo hacen debido a la poderosa y compleja combinación de los estímulos físicos y mentales que experimentan. Mientras que sienten la colocación de cuerdas, cadenas, correas o capas de elementos restrictivos, experimentan una transformación de persona libre a cautiva y, sin poder volver hacia atrás, el control de la otra persona. Los seguidores de esta esclavitud afirman que sólo a través de la esclavitud pueden ser verdaderamente libres: la comprensión de que no pueden escapar es lo que da lugar a la plena liberación de sus inhibiciones.

Llegados a este punto, y sin ánimos de ofender a la comunidad católica, quiero poner como ejemplo de este juego de dominación/sumisión la Semana Santa, basándome en el texto de Javier Sáez: El Goce de la Pasión.

[…]A cualquier aficionado al sado-maso no se le escapa el catálogo de representaciones que escenifica Jesucristo: maniatado, flagelado, clavado a una cruz, con una corona de espinas, sangrante, desnudo, asumiendo su papel de esclavo, exhibiéndose en su dolor para el público, que mira desde las aceras de las calles de cualquier ciudad castellana o andaluza con la misma avidez y morbo con que se mira en las mejores noches del Eagle.

Es un juego de deseo donde todo está bajo control, en función de una escena: los verdugos encapuchados, la música, las velas, los disfraces, las heridas del cuerpo de Jesús mostrando el dolor, el lugar de un padre severo que ordena el sacrificio de su hijo, la culpa, el castigo. Esta escena ofrece todos los recursos para la identificación: uno puede querer ser ese hijo al que azotan, o el romano de turno con el látigo de cuero, o el ladrón que ha sido malo y quiere ser castigado, o el mirón que disfruta desde los márgenes este ritual de ejecución hasta la penetración final con la lanza en el costado. Un padre y un hijo en el mismo lote, otra fantasía genial del catolicismo, sintetizar en uno solo al amo y al esclavo […]

Modelo; MODE RAMOS

Esto es un claro ejemplo del juego de D/S donde hay dos o más papeles, amo/s, sumiso/s y publico. Toda esta ambientación y teatralidad que se le da al ritual de la Semana Santa, es lo que se encuentra en las prácticas del S/M, con unas normas establecidas y de unas pautas claras del papel o rol que lleva cada uno de los participantes, es un juego de jerarquía y de poder, el cual el hombre ha llevado a la práctica desde sus comienzos.


Modelo; MODE RAMOS