jueves, 13 de mayo de 2010

BONDAGE




Con la difusión de las prácticas S/M en la vida sexual de los occidentales, se produjo una cierta fascinación por las ataduras de inspiración japonesa, consideradas como una expresión con tintes filosóficos sobre las relaciones entre dominante y sumiso. El arte del bondage pertenece a la gran familia de las actividades de S/M.

El bondage constituye un arte de vida y una hermosa expresión de la sexualidad, que implica una auténtica colaboración entre los actores. El ritual del bondage pertenece más al ámbito de la simulación y de escenificación, y no a una verdadera puesta en peligro de otra persona.





El bondage sin lugar a dudas, se va a convertir en una práctica sexual en continuo desarrollo, constituye una práctica perfectamente adaptada a los tiempos en los que vivimos, ya que, hoy en día tenemos mucha información al alcance de nuestra mano para poder desarrollar este tipo de prácticas, en la que la penetración sexual no es ni la base, ni mucho menos la culminación del bondage. ¡Se autorizan los rozamientos, las caricias imperceptibles, las palabras susurradas al oído, las palmitas y los latigazos! Por otra parte, la práctica del bondage se fundamenta básicamente en la complicidad entre los participantes.



La palabra bondage procede del término inglés bon, que significa . Una palabra que define el contrato moral que puede existir entre los participantes.



Desde la antigüedad, los japoneses han mantenido una relación privilegiadas con las ataduras. Pero el Shibari, o el arte de las ataduras eróticas japonesas, se originaron realmente durante el siglo de la “edad sombría”, llamado Sengoku, situado hacia 1450 d.c. Desde aquel entonces y hasta nuestros días, jamás ha desaparecido de las prácticas sexuales niponas.



En sus inicios, las técnicas de las ataduras eran utilizadas por los soldados al servicio de los samuráis para la inmovilización y la tortura de los prisioneros de guerra. Posteriormente, el Shibari se transformó en un arte marcial, antes de convertirse en una forma de castigo casi artística a lo largo del periodo Edo (1600-1868). Se constituyó un auténtico código destinado a regular la práctica de este arte: las cuerdas tenían distintos colores en función del período del año, el prisionero debía mirar hacia un punto cardinal correspondiente a cada una de las estaciones: Cuerda azul: primavera - este - izquierda – dragón. Cuerda roja: verano - sur - adelante – Fénix. Cuerda blanca: otoño - oeste - derecha – Tigre. Cuerda negra: invierno - norte - posterior - Tortuga.



Las ataduras podrían haber desaparecido de las tradiciones niponas con la occidentalización del país. Sin embargo, a mediados del siglo XX, un artista, Ito Seiu (1882-1961) dinamizó el Shibari. Gracias a sus numerosas estampas y a una excelente obra titulada “El infierno de los suplicios”, logró divulgar el arte de las ataduras. Por otra parte, hacia 1950, apareció la primera revista erótica japonesa que hablaba del Shibari, durante los años 1960-1970, con la publicación de revistas especializada, pero sobre todo con la filmación de películas producidas por el famoso estudio Nikkatsu. En la actualidad, los japoneses siguen practicando el Shibari aunque su finalidad parece consistir ante todo en la eliminación del estrés y las tenciones generadas por su modo de vida. Con este enfoque, se celebran Bondage parties en Tokyo, organizadas por jóvenes japoneses vestidos con pasamontañas de cuero y monos de látex…Estaríamos ante la actualización de esta práctica según los gustos actuales. Al mismo tiempo, siguen existiendo afortunadamente algunos irreductibles, como Chimuo Nureki, maestro sensei de la escuela clásica, que sigue organizando sesiones de Bondage ante un público selecto.


¡Es imposible contar la historia del Shibari sin evocar la revolución de los años 1990! El fin del siglo XX fue escenario de la evolución del papel de la mujer en la escena erótica japonesa: se asistió al nacimiento de la Domina japonesa. Que no solo actuaba cómo Domina, sino que también podía imponer ataduras. Que el hombre japonés acepte ser humillado por una mujer constituye un pequeño tsunami en la vida social nipona.


Japón no detenta la exclusividad en este arte. Durante los años 1950, Estados Unidos conoció la edad de oro de la fotografía erótica a través de Betty Page (1923-2008), una starlette del mundo fetichista, ¡así como la aparición en las revistas de increíbles pin-ups atadas! Finalmente, en Europa, cada vez más fotógrafos se sienten atraídos por el Shibari del siglo XXI, que para ellos se inscribe ante todo en el ámbito de la escultura o de la arquitectura del cuerpo.

La técnica del Bondage implica la renuncia total al control sobre el propio cuerpo y constituye una erotización de la inmovilidad y la indefensión. Al estar atado/a y bien atado/a no nos queda más opción que aceptar el desvalimiento propio. No se puede hacer bondage sin entregar completamente la propia voluntad al compañero/a de juego, o sin confiar plenamente en él/ella. Constituye una de las prácticas que más tiempo y dedicación exige y, quizás por ello, puede valer como paradigma del S/M en lo que tiene de placer desligado de los genitales. Su máximo atractivo es, pues, la erotización de la entrega total. En esta cara, más abstracta y mental, hay tres elementos que forman parte del juego: la fomentación del deseo, la rendición al Amo, y la cosificación de la persona. Fomentar en alguien el deseo hacía la propia persona es sumamente grato.




Una vez conseguimos privar a alguien de su autosuficiencia, sacando a flor de piel su vulnerabilidad, sensibilizando no solo su cuerpo sino también su mente, solo nos queda ver cómo nos necesita y desea, qué fórmulas utiliza para expresarlo, y disfrutar de todo él/ella. El dominante disfrutará del control de la situación y del poder de moldearla. Se sentirá un conductor de sensaciones, un creador. Moviéndonos junto al desenfreno, por otro lado, el auto control es placentero y corrosivo. Sin él jamás dominaremos ninguna situación. Todo esto es un proceso de varias horas, donde todo influye, el olor, el sonido, el tipo de caricias, la forma de hablar, es un proceso largo donde lo que prima es el placer de los participantes.


Por ello, se puede afirmar que el S/M. Erotiza el cuerpo en su totalidad, lo descompone en múltiples zonas erógenas manipulables y las somete a una estimulación intensa: los pezones, los glúteos, la espalda, el pecho, los pies, las piernas, los brazos, la cabeza, (no con la finalidad de la eyaculación). Lo que tienen en común todas estas prácticas y estas técnicas es la descentralización del placer genital y una exploración de los propios límites físicos y mentales. El S/M es, así, un placer en los límites del cuerpo, por lo que cabe concluir, al modo de Halperin, que “representa un encuentro entre el sujeto moderno de la sexualidad y la otredad de su cuerpo. Se puede decir que el S/M convierte al cuerpo en su totalidad en una inmensa zona erógena que hay que descomponer en partes manipulables para someterlas individualmente a una estimulación. A través de esa estimulación controlada, y que, precisamente por eso, requiere el aprendizaje de una técnica, lo que se pretende producir es placer. Las prácticas S/M son, en definitiva, técnicas sofisticadas de placer corporal.


El Bondage además de erotizar el cuerpo en diferentes zonas, investiga sobre sus límites, hasta donde es capaz de llegar y cuanto tiempo puede aguantar inmovilizado. Estas investigaciones sobre los límites del cuerpo es el proceso de trabajo de los artistas accionista que trasfieren a su propio cuerpo todo el poder plástico, metafórico, simbólico y semiótico que detenta el objeto artístico.


El cuerpo se convierte en el territorio donde tiene lugar la creación y la destrucción, en la topografía del análisis de los límites y en la zona de resistencia de una subjetividad que, a través de la vulnerabilidad de la carne, se enfrenta violentamente al poder político, social y tecnológico, al igual que la práctica del Bondage.

En los años sesenta y sesenta en el ámbito artístico europeo y americano, el accionismo vienés aparece como un fenómeno de límites. Y más aún, de traspasar, transgredir, desbordar los límites. Los límites de la obra, del cuerpo, de la mente, del arte. Los límites del instinto, de la razón, del dolor, de la sexualidad; de la cultura, la sociedad y la historia. Y más allá del límite: asaltar, invadir, sumergirse en las zonas excéntricas de lo prohibido para hacerlas propias.


Este tipo de artistas tienen una gran relación con las prácticas del S/M y del Bondage sobre todo por la utilización del cuerpo como materia, la utilización del dolor como puente hacia el placer y de la investigación que realizan sobre los límites del cuerpo y de la mente.